02/10/11

SÁBADO 1 DE OCTUBRE DE 2011

"VUELVO DE SIBERIA ESTA TARDE": LA HONDURA EXISTENCIAL DE CECILA PALMA

Vuelvo de Siberia esta tarde
Cecilia Palma
Ediciones el Juglar, Maryland, 2011, 67 paginas.
Por Francisco Martínez B.

Hay poetas cuya obra es reconocible como una obra de pensamiento, el lugar de la lengua donde se ejerce una proposición sobre el ser y sobre el tiempo. Lo afirma el filósofo francés Alain Badiou, que reconoce esa vieja historia de rivalidades entre el poeta y el filósofo que ya había detectado Platón.

Piensa Alain Badiou que existe un momento en la historia de la filosofía en la que el pensamiento se halla suturado a la poesía. Es “la edad de los poetas”, un período, arrastrado desde el siglo XIX, en el que la filosofía desertó de su papel y ciertos poetas ocuparon el lugar de los “amantes de la sabiduría”, que los filósofos habían dejado vacío, convirtiéndose con sus poemas no solo en pensamiento, sino en “pensamiento del pensamiento”. Como muestras, la poesía de Mallarmé, de Rimbaud, de Trakl, la palabra metafísica de Pessoa. Y por último Paul Celan, con el que finalizaría la “edad de los poetas”.

No es mi intención contradecir al pensador francés, pero es obvio que, antes y después de la “edad de los poetas”, ha habido muchos escritores que en sus poemas se han atrevido a hacer verdaderas revueltas lógicas. Me atrevo a presentar, sobre todo para los lectores españoles, a la poeta chilena Cecilia Palma como continuadora de esa línea en la que la poesía es un lugar de pensamiento. Cecilia Palma Jara se adscribe ella misma a la que en Chile llaman generación NN, la generación de los “sobrevivientes” en el período de la dictadura pinochetista. Y la crítica de su país la encuadra dentro de la poesía metafísica. Una poesía que poco tiene que ver con los llamados poetas metafísicos ingleses del siglo XVII (John Donne, George Herbert, Andrew Marvell…), cuyos versos se orientaban a captar más la razón que las emociones y de los que un personaje de una novela de Samuel Johnson dice peyorativamente: “La tarea de un poeta…es examinar no al individuo, sino la especie: observar propiedades generales y apariencias en grande. No enumera los pétalos del tulipán, ni describe los diferentes matices del verdor del bosque”.

En las antípodas de esta corriente lírica es donde se sitúa la poesía de Cecilia Palma, aunque sin desdeñar su preocupación por la conceptualización, por utilizar palabras e imágenes para penetrar en los insondables territorios del ser. No del ser metafísico, sino del ser existencial, el Dasein, esa entidad que cada uno de nosotros por si mismo es y que está aquí en el mundo, en el decir de Heidegger. “La postura que defino en mis textos -confiesa la poeta chilena- se relaciona con la intimidad del Ser enfrentado a si mismo y a lo que lo rodea”.

Su último poemario Vuelvo de Siberia esta tarde es una prueba de todo ello. Un poemario que, unido a sus obras anteriores (A pesar del azul, Asirme a tus hombros, Piano Bar) yergue un microtexto envuelto en una gran hondura estética, conceptual, a veces distorsionado y críptico, porque ser poeta para Cecilia Palma es recoger la propia tradición y la del mundo entero y reelaborarlas.

Desde las profundidades pelágicas de nuestro tiempo, emerge pues la voz poética de Cecilia Palma para transmitirnos su imaginario, una operación de verdad, anticipación a miles de preguntas que se hospedan en cada uno de nosotros. Volver de Siberia -metonimia simbólica del destierro y de la muerte- y regresar al bullicio de la ciudad, a una nueva vida, sin perder de vista, no obstante, que la soledad no se ha diluido, “sigue acuñando / juicios y en las paredes / continúan multiplicándose / sombras de guiñoles huérfanos” (página 13). Siendo así mismo conscientes de nuestra indefensión, “sujetos a la orden de los vientos”. En nuestra ruta como viajeros por el mundo, seguramente nos sobrevendrá la noche y es entonces cuando el amor (“el beso de los amantes”) nos mantendrá a flote sobre las turbias aguas que el puente no pudo salvar.

Pocos poemas, sin embargo, tan arraigados en la dimensión existencial como el XII y el XVII. En el primero de ellos, cimentado en una intertextualidad quizás inconsciente con Epicuro y Lucrecio (De rerum natura), la voz poética se interroga retóricamente sobre ese duelo, con final previsto, entre la vida y la muerte, a la vez que apunta a un cierto materialismo (“la leve constancia del absoluto…está fuera de tu alcance cambiar el destino de las cosas”, página 25). El segundo, en cambio, incide con un acento trágico que recuerda las “Coplas” de Jorge Manrique, en la penuria solitaria y perecedera de nuestra existencia. Ciertamente con la poeta hemos de reconocer que llegamos de Siberia conociendo ya la sentencia de nuestra estirpe.

Los poemas que componen la segunda parte del libro (“El beso de Judas”), pensados y elaborados igualmente como operaciones de lenguaje y pensamiento, pero sin palabras vanas, sin cultismo, en una sucesión contenida, profundizan con la misma intensidad en la trama existencial, en las paradojas de la existencia humana. Poesía pues que amalgama pasión y pensamiento, que nos habla al corazón y a la cabeza. Esa gran verdad del mundo que repiten los poetas gallegos, remedio para nuestra época, porque la voz que nos embelesa, nos hace a la vez meditar, salvándonos del tedio, de la facticidad del mundo.


………………………

Poemas de Vuelvo de Siberia esta tarde
VI
“El muelle nos sujeta
como a pilotes
y las olas se abruman
bajo la noche
nos quedamos quietos
colgando
péndulos indefensos
sujetos a la orden de
los vientos
con irrefrenables deseos de saltar
y escabullirnos
desaparecernos asidos
a la espuma
o al hilo de un
volantín extraviado.”

XII
“¿A qué se viene sino a
confirmar que
la existencia es
un duelo entre la vida y la
muerte
con un solo vencedor?
la leve constancia de
lo absoluto
la definitiva perversidad de
ese conocimiento
incrustado como un diamante en
una joya invaluable
que no puedes tocar ni comprar
está fuera de tu alcance
cambiar el destino de las cosas
así la maldición de
los pasos contados
de las horas respiradas
de una lengua húmeda y un
sistema perfecto en función
al toque final la
campana detendrá su
devaneo y la música será
historia.”


(Cecilia Palma, Vuelvo de Siberia esta tarde, páginas 18 y 25)

31/08/11

COMENTARIO DE ÁLVARO RUIZ











¿A qué se viene a esta vida?

Vuelvo de Siberia esta tarde.
Ediciones El Juglar, Maryland, EE.UU, 2011.


Cecilia Palma es una poeta metafísica que hábilmente utiliza las palabras y las imágenes con la finalidad de fortalecer las ideas, recurso propio del creador que ha superado el vano afán de los sonidos por sí mismos.

Su último libro, Vuelvo de Siberia esta tarde, se aferra al misterioso sentido de la buena poesía, aquella que va al fondo de la trama existencial, con perseverancia, estilo y contenido.

Sus poemas son una búsqueda en un estadio de hilos paralelos, entre el paisaje exterior y lo que ocurre muy adentro en su observación, detallando con exquisita precisión lo que los ojos generalmente no ven:


¿A qué se viene sino a

confirmar que

la existencia es

un duelo entre la vida y la

muerte

con un solo vencedor?

la leve constancia de

lo absoluto

la definitiva perversidad de

ese conocimiento

incrustado como un diamante en

una joya invaluable

que no puedes tocar ni comprar

está fuera de tu alcance

cambiar el destino de las cosas

así la maldición de

los pasos contados

de las horas respiradas

de una lengua húmeda y un

sistema perfecto en función

al toque final la

campana detendrá su

devaneo y la música será

historia.

En otro poema nos señala que un mago bebe cirros al atardecer que no son más que altas nubes delgadas que destellan cristales de hielo en un cielo terrible y abstracto. Sus poemas se suceden con encanto, lentamente toman al lector y lo sitúan en un mundo cartesiano donde la deducción se transforma en auténtica poesía:

A qué se viene

sino a romper al tiempo

dejar mordisqueando al silencio

en una foto infantil

y atreverse a enfrentar al que está

en el espejo

a soportar las

bolsas bajo los ojos

y a sabernos carne y sexo

y células que se

mueren a cada segundo

porque en cuanto la madre

expulsa al hijo

pródigo del vientre

se está solo

solo en un mundo ajeno

sin el arrebozo necesario

nunca

y así se sigue andando

aprendiendo las lecciones

y muriendo

muriendo de a poco cada día

se viene

a conocer lo inasible

a saberse huérfano

y a aceptarse

dejar que cada cuita haga

su surco

a ver si florece el entendimiento

y nos arregla el matiz

¿Será que un día se llegue de Siberia

conociendo la sentencia de

tu estirpe?


Cecilia Palma es una poeta que tiene claro que la ignorancia es enemiga de la poesía. Este último libro suyo nos hace pensar, algo tan escaso en estos tiempos de tanta idiotez literaria y frivolidad generalizada, donde la arrogancia de los necios empaña los cristales de las viejas esferas poéticas, que son las mismas y únicas girando en el cielo, el cerebro y en el corazón, para que el hombre las comprenda en una lenta y progresiva evolución. Palma induce a replantear la observación poética, sus ojos se extienden más allá del paisaje inmediato integrándose a un tiempo remoto y perfectamente actual.

El libro está constituido por 44 poemas, dividido en dos partes, Vuelvo de Siberia esta tarde y El beso de Judas, cada parte con un epígrafe como introducción,

de Enrique Lihn y Roberto Juarroz, respectivamente. Ambos versos introductorios nos da señales sobre las últimas lecturas e influencias en este poemario. Enrique Lihn, con dulce ironía afirma:

En el país de las maravillas, la pobre Alicia no tuvo ocasión de experimentar su lógica…

A lo que Roberto Juarroz replica:

La poesía es una forma de despertar…

Bien por Cecilia Palma, quien finalmente en El beso de Judas nos plantea el ineludible tema del amor como una batalla contra el machismo, un implacable desamor que se venga de sí mismo y recupera terreno en el juicio acerca de un hombre que definidamente el ángel custodio abandonó:

Judas circula calle arriba

disimula sus pupilas heridas

tras anteojos de color negro

cansino su andar

errático

fiero el estoque de

su costilla

la hembra se

escapó hace tiempo y

dejó su huella escarbando

en el vértice

él significó un destino

tomó un huérfano y lo hizo

su amante

juró contra natura

vertió saliva enamorada

sobre una quimera

jadeó en el oído del unicornio

vendió el agua de los pueblos

ahora secretea con la muerte

y cuelga en el árbol su aliento.


Álvaro Ruiz Coquimbo, Agosto de 2011.



24/08/11

COMENTARIO DE RAFAEL COURTOISIE

La poesía, cuando es verdadera, crea una sensación de extrañeza que aproxima la verdad de un modo insospechado. En “Vuelvo de Siberia esta tarde” hay una vuelta de tuerca en el decir de Cecilia Palma.

La cadencia del libro propone una lectura unitaria y rigurosa, pero a la vez tiende una mano tibia que guía al lector por los sinuosos caminos de esa “vuelta” que es un re-conocimiento, un conocer otra vez y más hondo lo que ya se había mirado, tal vez más de una vez, pero no se había logrado ver en la descarnada esencialidad que presenta el mundo cuando lo descubre la poesía.

Ya cumplida la primera década de un milenio nuevo, de un siglo XXI de misterio y anuncios diversos que abarcan un amplio espectro que va de la utopía a la distopía, Palma ofrece la novedad plena de una versificación precisa y una visualidad que resignifica objetos y relaciones.

La luz, el volumen, la masa de atracción gravitatoria diferente de un planeta de belleza comprometedora comparecen aquí y eximen del recurso siempre retórico del metalenguaje: hay que leer, hay que sumergirse en esta tierra de palabras.

Rafael Courtoisie, Montevideo.


23/08/11

COMENTARIO DE CLARIBEL ALEGRÍA



Mi Cecilia querida:


He leído dos veces tu libro y me ha emocionado. Te felicito. Es una joya. Me estremeció sobre todo tu poema a Judas. Gracias, Cecilia querida. Un beso,

Claribel Alegría

02/08/11

Un rasgo distintivo de Palma, que aparece de inmediato en Piano Bar, su último poemario, es la facilidad con la que aborda momentos e ideas complejos en el más sencillo de los lenguajes. Muy consciente de que está usando un arma de expresión impura, banalizada, ella lucha para hacer que las palabras signifiquen lo que de verdad son, como es el caso de "Despedida": "Un mar de arena templada/ tras la música de tu frontera/ nada importa/ pero estás precipitado/ en mi línea de fuga/ en el macabro cuello de los cisnes/ en el vuelo rasante/ de una imaginación asesina". El verbo dotado de idiosincrasia genuina, el verso libre sin puntuación, la tendencia al monólogo o el sutil uso de la ironía presentan estimulantes desafíos al lector.

"La perfección es inseparable de la crueldad indiferente", escribió Milosz y ése parece ser un motto, la corriente subterránea en las estrofas de Palma. Así, cada nuevo título se transforma en estrategia para la supervivencia física y espiritual, surge un interés casi novelesco en los personajes, el tono se vuelve narrativo y el sentido del mundo deriva de la clase de idioma que se usa. Ello es evidente en "Interferencia in situ", una extensa rapsodia, de la cual transcribimos el siguiente fragmento: "Yo me sitúo mentalmente y no/ puedo evitar los ojos que de/ vez en cuando franquean/ on line/ mis coordenadas/ almendrados y oscuros/ con brillo semejante quizás/ sólo a una/ salida/ de sol/ después de la lluvia/ luego de los ojos/ inevitablemente/ todo su rostro...".

REVISTA DE LIBROS/Domingo 2 de Septiembre de 2007/PÁGINA ABIERTA/ Camilo Marks (a propósito de Piano Bar)

09/02/11

Año nuevo, vida nueva

Cecilia Palma
Comenzó el conteo desde atrás. Ya sabemos todos lo que se viene luego; así que, antes de ese instante tomé la daga. Sí, era mi esposo, pero lo suyo era morir y yo feliz cumpliría la orden que me dictaba la conciencia.

Lo único extraño entre la challa multicolor, fue el espeso líquido rojo que corría calle abajo, pero entre tanta algarabía, nadie extrañó al hombre que solía golpear casi a diario a la mujer de la casa lila. Tampoco notaron nada raro en que ella, o sea yo, saliera con una maleta de su casa, minutos después de los abrazos; todos pensaron que era, para guardar la tradición de los viajes

26/06/10

Cecilia Palma/ Italiano


L’unica pellicola che non abbiamo visto

E qui restiamo rigidi
Come all’uscita del cinema
In inverno
Rigidi e così soli
Dando manate al mondo
Pallidi con occhiaie
Imbaccuccati in lenzuola sbiadite
Da tanto lavaggio.

Così ci trovano i giorni e
Le notti
Incapaci di dire basta
Rassegnati alla disciplina
giornaliera
Al quotidiano divenire della morte
Presi al gregge bofonchiante
Anticonformista
Frustrati
Desolati
Soldati di plastica conveniente
Avvolti in abiti di liquidazione
Amareggiati
Riconoscetelo!
Non siamo più che marionette
Bucate da palline
Imborghesiti
Attuando una mala opera
Per l’eterna vendita di sempre.

Trad. Giovanna Mulas, Gabriel Impaglione

Piano Bar, último libro de la poeta Cecilia Palma

POR: REYNALDO LACÁMARA, Presidente Sociedad de Escritores de Chile

Piano Bar se llama este libro, título que es un guiño a otros nombres, a espacios para solitarios que a media luz y por cientos se reúnen en su estado de ánimo, no por solitarios excluyentes.

Este libro tiene una dedicatoria, In Memoriam – Giovanni Vaccani y a continuación otra , - A mi Familia –
La autora prefirió no agregarle un prólogo. Cuenta con tres cantos, denominados en forma simple, con números, es decir, uno, dos, tres, esto es así y no canto uno , canto dos, etc..

Esta forma numérica no es casual, tampoco un intento de ordenación correlativa. A mi juicio, el uno, es el autor-sujeto, en forma objetiva debiéramos llamar hablante lírico, pero nos atrevemos a interponer a la autora, puesto que cada género literario tiene algo de las vivencias del creador, con más razón este trabajo, donde la poeta se involucra en forma directa, ya que el texto nace de un homenaje a un hombre desaparecido, cuyo nombre y sus implicancias continúan vigentes en la memoria de la poeta y ahora en este presente colectivo.

Entonces el uno se podría definir como la visión, el sentir de la autora-hablante lírica frente al amor desaparecido, amor genérico.

DOS, segundo canto de este libro, en el cual se va configurando la relación entre el hablante y el desaparecido, una relación que el homenaje y el recuerdo sitúa en el pasado, pero a través del hilo conductor que es un saludo a la música en este piano bar y a nombres de autores, literatos o músicos que se mezclan e interactúan, evocando lugares del mundo y pequeñas anécdotas, llegamos, por medio de este interrelación, a un tiempo presente, entonces esto ya no es recuerdo sino memoria, y esta memoria es, no las vivencias detenidas en una imagen, sino la capacidad de atesorar y actualizar el patrimonio de todo lo vivido.

TRES, entonces aquí ya estamos con alguien más involucrándose, tres, este es el número de las contradicciones, entre dos fuerzas siempre hay una tercera resultante, ¿es también aquí, la muerte, la convidada de piedra que concurre? Es el amor perdido para siempre a causa de una tercera persona que no se menciona y que su presencia es siempre parca?

Entonces, queda finalmente, en la eclosión del libro, una palabra proyectada hacia el futuro y dedicada a los seres amados, un mensaje decidido ante la injusticia y contra la guerra y una nota algo doliente que nace de los labios de quien presuntamente se suicida.

A manera de ejemplo quiero citar un poema, es tal la belleza de este libro, que a lo largo de él se podrían citar muchas metáforas, pero sólo me detendré en un poema, al azar.

Resistencia

Cada círculo
encierra una flor vencida
En lo hondo
su belleza intacta
prisionera de si misma


Bello este juego de contradicciones, mientras la flor explosiona, exuberante, se acerca a su fin, a su fin y a su muerte, aquí de nuevo estamos ante este viejo y hermoso romance del amor y la muerte, ante el amor que la belleza incita y expande, como el aroma de la flor que será absorbida por la muerte, pero la muerte jamás podrá incidir sobre lo que fue, la eternidad de su belleza.

Esta muy bien lograda esta fina alegoría, profunda, hermosa, con la levedad de quien toca un pétalo, una piel que fue, toda esta metáfora para presentar al ser amado marchito.

Y todo el libro también esta impregnado de este juego del amor y muerte, ella la muerte, depende de la vida y el amor juega en ella como los ritmos de una melodía ascendente, un jazz sincopado o armónico, Charli Parker brindándonos este guiño más allá de su tiempo.

Este romance me sugiere a Petrarca y su “conchetto” , la relación lúdica e inmensurable del amor y la muerte, de lo efímero y eterno, relación que luego explora la pléyade del Renacimiento francés y con más fuerza los poetas Isabelinos con John Milton en su “Paraíso Perdido”.

Este libro Piano Bar navega por la corriente más lírica o podríamos decir más selecta de la poesía, pero también se atreve a innovar, intercalando guiños a la realidad cotidiana con aportes coloquiales pero muy bien dispuestos, posee intertextos con distintos niveles de lectura y otras señas que con sus propios ritmos, nos sugieren una lectura comprensible más a través de los sentimientos que la razón, más de rebeldía que abdicación, con una metáfora profunda, perfectamente soportada en un intencionado y esporádico lenguaje coloquial, esta es la poesía con que nos recrea Cecilia Palma.

Hay por lo tanto y es difícil de expresar, un rescate del sentimiento, una creencia y fe en el ser humano más allá de los desencantos, una invocación de causas y actitudes como la música, los viajes, los diálogos reflejados en estos bares como refugio y ámbito de la actividad humana.

Cecilia Palma, comprometida escritora, dirigente gremial, con su tercer libro de poemas, entra a mi juicio al cuadro grande y prolífico de nuestra literatura, por su calidad indiscutible y por su novedoso aporte, Piano Bar se convierte en un libro necesario de toda biblioteca.

POESÍA DE CECILIA PALMA


La Barca de Papel
AUSTRIA- Febrero de 2009
Traducción de Wolfgang Ratz



DE AQUÍ A LA ETERNIDAD

Herida hasta lo insolente
eva menguante
en el nuevo lenguaje del paraíso
seducida
heme aquí,
conjugada por el pecado que te cierne
esclava del culto
señalo con el sudor de mi cuerpo
la imposibilidad de caer
en su trampa




VON HIER IN ALLE EWIGKEIT

Verwundet bis zur Anmaßung
schwindende Eva
in der neuen Sprache des Paradieses
verführt
stehe ich hier,
im Zeichen der Sünde die dich bedroht
Sklavin des Kults
im Schweiße meines Körpers
verweise ich auf die Unmöglichkeit
in seine Falle zu gehen


RESISTENCIA

Cada círculo
encierra una flor vencida
En lo hondo
su belleza intacta
prisionera de sí misma.




WIDERSTAND

Jeder Kreis
schließt eine besiegte Blume ein
In der Tiefe
ihre unversehrte Schönheit
Gefangene ihrer selbst.


La Barca de Papel - Octubre de 2008



BAR ASTEROIDE

Los neones dispersan el paisaje
y son tus ojos los que cruzan ese desierto
un sol maléfico musita la
balada del androide
y todo nombre es una paradoja
alrededor de si mismo



ASTEROIDENBAR

Neonblitze zerstreuen die Landschaft
und deine Augen kreuzen diese Wüste
eine unheilvolle Sonne flüstert
die Ballade vom Androiden
und jeder Name ist ein Paradoxon
über sich selbst



DESPEDIDA

Un mar de arena templada
tras la música de tu frontera
nada importa
pero estás precipitado
en mi línea de fuga
en el macabro cuello de los cisnes
en el vuelo rasante
de una imaginación asesina.



ABSCHIED

Ein Meer warmen Sandes
hinter dem Klang deiner Grenze
nichts ist von Bedeutung
doch du wirfst dich
in meine Fluchtlinie
den makabren Schwanenhals
den rasenden Flug
einer mörderischen Phantasie

ENTREVISTA A LA POETA CECILIA PALMA


Por Julián Gutiérrez

1. ¿Cómo ocurrieron tus inicios literarios, en términos de ambiente, amistades e inquietudes?


Mis inicios literarios en serio –porque antes de ello eran sueños que arrastraba desde niña acurrucados en un cuaderno que cargaba conmigo sin ser mostrado demasiado, por pudor, aunque sí en los típicos actos cívicos o concursos en la educación básica y media- surgieron en el Duoc, donde estudiaba Diseño; antes que me expulsaran por conformar el Centro de Alumnos y por dirigir un paro general que duró tres meses. Allí conocí a Diego Muñoz Valenzuela, quien daba clases en las carreras matemáticas de la institución. Con él entablé una amistad profunda y me invitó a la Sociedad de Escritores de Chile, SECH, donde integré en esos años 80s, el famoso CEJ, Colectivo de Escritores Jóvenes; por mi edad, era creo, la más joven participante del mítico grupo.

En ese ambiente de camaradería, unión y lucha social, mi mundo literario se abrió. Fue como un destape de cráneo porque allí encontré no sólo lo que enumeré antes sino que tuve la oportunidad de conocer a grandes intelectuales y escritores de este país. Martín Cerda, Oreste Plath, Stella Díaz Varín, Francisco Coloane, Raúl Mellado, Jaime Valdivieso, Eduardo Anguita, Mariano Aguirre, Luis Sánchez Latorre, Jorge Teillier y Mario Ferrero, entre otros tantos. Conversar y sobretodo escucharlos fue una gran escuela y una experiencia que voy a llevar conmigo siempre. En este sentido me siento una mujer afortunada y agradezco a la vida, cada vez que recuerdo la maravilla de personas que he tenido la oportunidad de conocer.

Mis cercanos de esos inicios fueron por cierto los jóvenes que nos juntábamos casi a diario; entre los que se encontraban, Diego Muñoz, Ramón Díaz Eterovic, Reynaldo Lacámara, Erwin Díaz, José Paredes, Gregory Cohen, Luis Alberto Tamayo; Omar López, Aristóteles España y años más tarde mi querida Lilian Elphick. Mis inquietudes de esos años tenían que ver fundamentalmente en cómo mi literatura y mi accionar apoyaban la lucha en contra la dictadura de Pinochet, parecía que no había mucho más en qué pensar, así que el trabajo político se unía a la poesía que llevaba por todos lados, a todos los rincones posibles, incluidos los baños de universidades y del mismo Duoc, a las paredes de la ciudad, a revistas furtivas o clandestinas de circulación casi siempre cerrada o muy restringida y también a peñas que se realizaban por todas las comunas y se esparcían como reguero; en un par de ellas tuve que salir corriendo, junto a los artistas, escapando. La poesía se encontraba a disposición de la libertad y era un instrumento para la esperanza.

2. ¿Qué autores influyeron en tu trabajo de aquel entonces en términos de propuestas?

En ese entonces, los poetas importantes para mí tenían que ver con la visión de la poesía que yo tenía en la época, así que mis lecturas eran acordes a ello; Ernesto Cardenal, Roque Dalton, Neruda. También leía a Rainier María Rilke, Dylan Thomas, Walt Withman, Huidobro, Gioconda Belli, Elvira Hernández y también sentí (y siento) mucha admiración a los versos de Stella Díaz Varín. Cada uno me iba llenando de intencionalidad, de ansiedad. No sé muy bien cómo explicarlo, pero había en sus imágenes algo fundamental que yo asía hambrienta; me llamaba poderosamente la atención sus propuestas poéticas; había en ellos algo fresco, sin métrica (que era lo que leía desde niña, mucho), su soltura en la escritura y el lenguaje no convencional que utilizaban. Algunos eran más intelectuales, otros más directos y populares; pero ellos se volcaban a sus versos con una pasión que yo sentía pero que todavía no sabía cómo sacar fuera.
Pensaba además, en esos años, que todavía tenía mucho que leer y estudiar; mucho que aprender y admiraba profundamente a aquellos que tenían voz propia. A ello quería llegar, temía mostrar mis textos sin esa voz, no quería que se asociase mi literatura a la de otro, fundamentalmente porque sentía dentro de mí que tenía algo que decir, pero el cómo decirlo es lo que me complicaba; no me sentía segura porque además era pudorosa y tímida; sin embargo, aquellos textos que eran propios de la lucha, sí los recitaba y mostraba porque eran un instrumento que no sería visto con rigurosidad estética.

3. ¿Cómo definirías tu proyecto poético o ejercicio escritural en término de intenciones o propuesta creativa?

A través de los años, desde 1992, fecha en la que publiqué A pesar del azul; siento que he ido profundizando en mi propuesta creativa y consolidando mi voz interior. La postura que defino en mis textos se relaciona fundamentalmente con la intimidad del Ser enfrentado a sí mismo y a lo que lo rodea. El signo se va incorporando como elemento poético, gracias a la conceptualización de él; es decir, como objetivo y sentido de la existencia, como significante. El resultado de la emocionalidad trasciende a través de una elección interna y cobra sentido cuando soy capaz de captar la esencia de lo que veo día a día. La poesía se transforma en inasible e inefable; siento que la palabra tiene sentido en cuanto comprendo los silencios, las pausas, las miradas la relación del Ser con el mundo.

Mi poesía es un intento a que el verso se palpe como manifiesto, la imagen es la significación que transmite mi imaginario y mi filosofía. Con Piano Bar (2007), mi tercer libro, siento que llego a lo que he perseguido todos estos años; a la voz que está adentro, viva, invadiendo mi corporalidad y mi mente; llenando mis pórticos con imágenes y llevándome, a veces, a entrar en pánico porque no dispongo del tiempo que ella me exige, debido a que tengo que dedicarme la mayor tiempo del tiempo a la otra sobrevivencia; ya no la que podía llevarme a la muerte en los ochentas, sino a la que nos obliga a levantarnos de madrugada día a día. Esta exigencia me maltrata los sentidos y me hiere, tocando mis frágiles estructuras.


4. ¿Qué factores consideras determinantes en el proceso creativo?

En primera instancia, el sentimiento, la sensación, la inspiración, el llamado de uno de mis habitantes internos que ha sido tocado por alguna aguja que ha fisurado su equilibrio; la invasión de este estado me lleva a la creatividad y doy paso a la segunda etapa cual es, dejar que las palabras me posean libres. Una vez que se ha vaciado todo doy lectura a aquello y es como un engendro que va tomando forma a medida que le doy toques, que voy puliendo sus palabras agrestes, las que sobran, las que matan sus intenciones. Cuando estoy en todo este proceso siento una especie de felicidad perversa. La abstracción de la idea principal está plenamente identificada en este punto y en las múltiples revisiones que hago de cada texto, verifico que los componentes que lo arman estén combinados de manera armónica y conjuguen correctamente en la re definición del lenguaje al servicio del poema. Ya en este punto, que puede durar minutos o meses; estoy cierta de que he escrito poesía.

Te confieso que me ha sucedido que leo los textos y parecen ser escritos por otra persona; cuando ello me ocurre, casi doy crédito a eso que dicen acerca de la inspiración y de que el poeta es sólo un instrumento de ella, que no nos pertenece. Esta amante exigente tiende a ser cruel en ocasiones porque te seduce y te abandona a su merced.


5. ¿Qué criterios usas para identificar un buen poema?

En general siento que es un buen poema cuando lo leo en voz alta y el corazón me salta; cuando razono y las palabras que lo tejen me atrapan dejándome a la intemperie, desnuda, sola; abandonada a su gusto. Luego de la experiencia, sé que estoy frente a un buen texto. Este ejercicio lo realizo no sólo con mis poemas sino con aquellos que leo de otros escritores. ¿Por qué en voz alta?... no sé muy bien pero es como si las palabras entraran por dos partes; por mi visión, directo al cerebro y por mis orificios: oídos, boca, olfato, directo al corazón, con ellos escucho los versos, los saboreo; la inspiración y exhalación que requiero para intencionar las palabras se relaciona con el aire que entra y sale de los ventrículos.

Por eso aseguro que un buen poema me convierte en una hoja que se desprende del árbol y cae mecida por la intensidad del viento; si es suave, me llena quizá de ternura, si es un temporal, me dejara exhausta de esa motivación que el poema tuvo.

Son criterios, como ves, más bien emocionales; es cierto, pero con ellos mido no sólo la sensibilidad con que fueron escritos, sino también la estética, la estructura, el ritmo, la cadencia, el sonido, los silencios, la musicalidad de los textos y es que finalmente, la poesía es parte de un universo paralelo cuyo desarrollo tiene que ver con la reflexión, el sentimiento, la emotividad y las palabras; ella misma es tan subjetiva como mi forma de medir su calidad.

6. ¿En qué proyecto literario estás trabajando actualmente?


Estoy trabajando en un poemario que probablemente se llame “Vuelvo de Siberia esta tarde”, aunque no estoy muy segura, no soy buena para poner nombres ni títulos; en él, el hablante se está enfrentando a sí mismo y a su percepción del mundo. El volver de Siberia es como haber estado muerto, escondido, ciego y regresar como un nuevo Ser a la vida, a la conciencia a la libertad; cuando ello sucede tu visión de las cosas ha sido modificada porque tu experiencia de vida ya no es la misma; entonces nace la poesía. Tengo alrededor de 60 textos. Parte de este trabajo fue premiado en el concurso Eduardo Anguita; así que me siento conforme con él. Lo siento maduro y me gusta su propuesta estética. Espero concluirlo antes de fin de año; pero claro, no deseo apurarlo, él mismo me dirá cuando esté listo.

POEMAS DE LLUVIA/ Cecilia Palma


LLUVIA TRAS LA PIEL

A pasos breves me
entrego a su boca
a su aliento de bruja envenenada
el viento rasga los
muros
alucina lluvia ácida
cierro los ojos que me duelen
porque con ellos
hiero a la muerte
la soledad atrapa el conjuro
y encierra el vértigo del
invierno, ese
que juzga a la sangre
a la montaña de rocas encantadas.
El agua arremete en mi contra
baña a la historia y a mis entrañas
salva al cuento
al paso que doy entre charcos
a la boca que bebe de su poción
y la seduce.
No es cierto que la lluvia sana
hay que volar más alto
arriba de los cirros amoratados
allí donde habita la que
cose el alma a los cuerpos
la que sabe qué fue
de aquellos que
cargo a mis espaldas.

La lluvia siente mi sueño
indaga a mis demonios
hay un pecho abierto en
la esquina
soy libre de volverme
la piel.






UNA NOCHE DE LLUVIA

De calle en calle
una esquina encuentra su
vértice
noche de lluvia
negra noche de ciudad vacía
el asfalto sonríe húmedo
al lúcido guiño de un reflejo
el viento, inconsciente
guarda en su memoria
años de amores grises
de muros acechando víctimas
de gotas que besan las
huellas de un náufrago silencioso
y ausente
una noche de lluvia
detiene un reloj
pulsa un encuentro de collares falsos
ama a un vidrio prisionero en
cuatro varillas de aluminio
esa noche
guarda una lengua fresca
y abraza racimos de notas
que cantan
ella balbucea por las rendijas
otra historia de arcas.






ENAMORAMIENTO DE LA LLUVIA

Siento respirar la lluvia
atrás del vidrio que la espanta
un par de ojos vigilan el
paisaje
al árbol que se esconde de
la mañana
al paso de un ave que emigra.
El agua escurre silenciosa
ajena de la miseria
de la sed de un viejo triste
una gota transparente deja que
la empuje hasta el límite
me embriaga su tacto húmedo
y frío
hay un cisne agitando celoso
sus alas
maldice con un grito a mis
manos.
La lluvia es un beso libre
le digo, pero agrede a los
cantos de libélulas nocturnas
creyéndose el dios de un
imperio de agua y sangre
el cisne en secreto
guarda un pedazo de la
tormenta
y resentido golpetea el vidrio
al otro lado de mi conciencia.

POESÍA DE FIN DE SIGLO. Nueva poesía de los 80



COMENTARIO DE: Christian González Díaz. Poeta, narrador y activista. (fragmento)

Destapo el abismo bajo la cama, la frialdad entra buscando refugio. Cecilia Palma, (1962). Viaja por la ciudad con documentos, llega a sus lugares y deja su protección sobre la mesa para decirnos que tiene movilidad propia. Sabe de carretas y de la textura del cemento, escribe la tristeza de esta ciudad para propiciar nuestra conciencia. En una esquina deslumbrando a la muerte, observa las figuras que como sombras pasean por calles padeciendo de vida, vida fortuita y cansada, congelada en algún juego de la niñez. Enfrentada al miedo, escapa de los pisotones y de las circunstancias, para abrir un canal de comunicación y una estancia para sus letras. Calla dictador de la mordaza fecundo hacedor de censura, escapo de las paredes a buscar las últimas estrellas que no se rinden al sol, salgo a recuperar la pupila suspendida en el aire, a mi risa perdida en una esquina cualquiera. En su recorrido habla a las gentes, a los que ha conocido y ya partieron, a los que quisiera que estuvieran ahí, junto a ella, junto al manto blanco de la noche. Vendrás este invierno, lo sé, vendrás al final de la noche al acecho, tu obsesión de esa escritura, en esa imperfecta intención mencionada a la hora del té, persistirá, arrancará soberbios recuerdos en la clausura. Su preocupación por la historia, por los personajes que han sido importantes en su vida, clama con fluidez en sus versos, en su prosa, en su investigación, no dejando tiempo para que se apresure la noche. La pérdida es un abismo sobre la conciencia, un girasol que se deja vencer en invierno y la muerta un insondable al acecho de su propia fuga. El hombre sepulta sus escritos a la espera de su última noche.

07/12/09

Encuentro con Cecilia Palma


Escrito por Guillermo Meléndez
Martes, 23 de Diciembre de 2008
Monterrey - México

Estimado Xavier:

Te adjunto una pequeña muestra de la creación lírica de la escritora chilena Cecilia Palma, una de mis amigas do peito, como dicen los brasileños aquellos con quienes compartimos saudades entrañables.

Me habías pedido una nota introductoria para presentarla a quienes la desconocen pero creo que no hace falta: su palabra no están guardadas en cofres herméticos, viven en la casa del aire y no hace falta ninguna fórmula para entender que no existe un misterio abstracto que ofusque su canto, con solo leerla se puede descubrir que en su pecho esta latiendo un manantial diáfano que la hace escribir con fluidez y tacto. Creo que un intermediario entre los versos de Cecilia y tus lectores sería un estorbo.

En muchos de los casos cuando se trata de amigos uno aplaza la lectura de sus obras sabiendo que hay confianza y seguridad, que él no exigirá un informe inmediato al respecto. A mi me sucedió eso y con pena confieso que después de un rápido asomo a Asirme a tu hombro y a Piano Bar (dos de los libros de Cecilia) después de que me los dedicó emotivamente hasta ahora no los había abierto.

Gracias al compromiso de hablar sobre su obra a los lectores de la Revista Pentagruélica la he leído con detenimiento y de esa tarea nació el escrito que te adjunto. Lo forjé con cuidado y cariño como si la autora me hubiera invitado a presentar su Piano Bar allá en Santiago, junto al escritor Jaime Valdivieso y el actor Mario Lorca el primero de julio de 2007 en el número 7 de la calle Almirante Simpson en donde está ubicada la Sociedad de Escritores Chilenos desde hace mucho tiempo.


EL PIANO BAR DE CECILIA PALMA


Ediciones Subway
Marzo 2007
Santiago de Chile

Si el lugar no tuviera nombre y su propietaria me pidiera bautizarlo, por su atmósfera melancólica y los solitarios que ahí asisten, lo llamaría, sin pensarlo mucho: El Bar de los navíos a la deriva.

Esta noche su barra es ocupada por tres clientes: un tipo con un sombrero a la Humphrey Bogart; la Marilyn Monroe auténtica y una Marilyn engañadora. El Humphrey esconde bajo el ala de su sombrero los rigores de un viaje desafortunado. La Marylin a punto del suicidio tirita congelada por un viento que viene de Puerto Williams y rechaza un abrigo que le prestan porque quiere seguir exhibiendo ese par de garumas que asoman en su pecho desde un escote que llega hasta el ombligo. La Marilyn de a mentiras se quitó los tacones y da masaje a sus plantas cansadas de deambular por la calle Ramón Carnicer, donde ofrece sus favores a galanes que gustan de las damas de anchas espalda, manos de ordeñadora y clítoris bien dotados.

A las diez llega Cecy la dueña, destapa una cerveza, se sienta un momento con un ebrio de tiempo completo y le dice: - Querido Dylan después de que el pianista termine Tomo y Obligo subes al escenario y nos lees: This Bread I Break. Luego, cuando te bebas tus 3 botellas de Santa Catalina, te vas a tu hotel a dormir y mañana por la tarde acudes a la embajada británica a recoger tus pasajes para Gales porque las autoridades chilenas te han deportado por borracho y malviviente.

Es San lunes y hay poca concurrencia: aparte de los anteriormente citados, en el rincón más oscuro del antro está un holandés pelirrojo que el barman apoda la taza porque tiene una sola oreja, y en la mesa más cercana a la salida, como listas para irse sin pagar el consumo, hay dos mujeres con un arma guardada en su cadera: la de la escuadra se llama Perduta Durango y a la de la catana le dicen simplemente La novia.

Yo he venido desde Monterrey, México, a Santiago de Chile a entregar a Cecilia un mezcal oaxaqueño con gusano, un farolito callejero que me robé en Uruapan y una radiante amapola de la sierra de Guerrero. Todo esto para que ella ilumine la escena de un autorretrato que está dibujando donde no quiere que su tristeza al desnudo se confunda con una naturaleza sin vida.

Olvidaba decir que en el baño de ese piano bar, en el cual me sentí como pez en el agua, hay un grafiti escrito arriba del espejo del lavabo que dice: Yo descubro como nadie las horas muertas... y es cierto porque cuando me miré en él luego luego reflejo, sin clemencia, el estrago del tiempo que he perdido entre curdas y farras.

03/11/09

Miedo al miedo

(Cecilia Palma)

Nuestra Latinoamérica posee una tradición de la literatura del terror diferente a la vieja Europa; más bien, las historias de nuestros pueblos son aquellas que adornan los aspectos misteriosos representados en leyendas y relatos que la han nutrido. El sabor que ha sazonado nuestros escritos tiene más que ver con lo que Lovecraft -escritor estadounidense y autor de narraciones de terror y ciencia ficción- dijo en alguna oportunidad: «La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido». A este escritor se le considera un gran innovador del cuento de terror, ya que aportó una mitología propia, yendo más allá del satanismo y los fantasmas, incorporando elementos de ciencia ficción en sus relatos, donde campean voces desconocidas, seres innominados, fenómenos indescriptibles, generándose un ambiente donde predomina lo irracional y los pavores ancestrales a fluidos, materias orgánicas, manchas sin color preciso (El color que cayó del cielo, uno de sus título más famosos, ilustra muy bien esos sentimientos).

Sin embargo, deseo quedarme con esa frase que mencioné debido a que, efectivamente en el relato popular de nuestros pueblos, se encuentra prendido en el imaginario, la emoción del miedo y es este miedo el que se transforma poco a poco; como en una sinfonía clásica de Tchaikovsky , donde la expresión del terror ingresa primero al cerebro y luego al cuerpo.

Con estas narraciones, los protagonistas, campesinos o urbanos, explican generalmente algún fenómeno físico o químico que no puede ser comprendido. La tarea que, por lo tanto, se da el escritor, es tomar algunos de estos relatos y convertirlos en historias en las que los seres nocturnos toman protagonismo y de esta manera aparecen, las novias tras los árboles, los niños cantando en un bosque, los vampiros sedientos que pese a lo bárbaro de su existencia, filosofan, a veces, enterneciendo al lector; los espectros, que por alguna razón se paran a la orilla de la carretera para solicitar ser llevados algunos kilómetros más adelante, los barcos fantasmas que se llevan a los muertos y los engendros del bosque que entran en las habitaciones de las doncellas para robarles la virginidad.

Cuando era niña y anochecía, no podía bajar de mi cama una vez que ya me encontraba en ella. Debajo, estaban esperando seres malévolos que estiraban sus manos como garras para tomar mis tobillos si yo osaba bajar hasta el suelo. Este recuerdo lo encontré entre otros tantos, cuando pensé en elegir el tema para este Encuentro. Una sonrisa se dibujó ese día en mi rostro, pensé en cómo la inocencia me poseía y me hacía pasar noches enteras esperando el alba para ir al baño; sin embargo, más adelante, aún adolescente, mi imaginación me regaló una serie de experiencias que estaban todas ligadas con estos seres que el cerebro fabrica cuando tenemos miedo y, tal como señalaba Lovecraft, ese miedo alimentaba a mi miedo. Así, conocí fantasmas, de los buenos y de los malos y padecí de sudores fríos a causa del terror. Estos elementos son exquisitos ingredientes para la literatura. Horacio Quiroga narró muchas historias, donde los seres que se presentan al caer la noche, tenían un rol protagónico.

Recuerdo en este instante, por ejemplo, ese relato que está basado en una leyenda urbana muy particular, y que en su época causó una conmoción casi histérica. Al parecer, muchas mujeres comenzaban a debilitarse durante las primeras semanas de matrimonio. Lentamente perdían el color de la piel y también mostraban signos de rigidez muscular, lo cual daba una impresión de profunda fragilidad, como si se tratase de delicadas muñecas de porcelana. Luego de algunos días, o semanas, las jóvenes finalmente se consumían. Me refiero a El almohadón de plumas. En esos años, el imaginario urbano hablaba de vampirismo; sin embargo, Quiroga encontró una combinación de ese temor inconsciente con el raciocinio; porque recordemos que finalmente el culpable de estas muertes por debilitamiento se encontraba entre las plumas del almohadón que estas mujeres usaban. Aún tengo en mi mente la sensación que logró traspasar a mi joven cuerpo, cuando leí por primera vez este cuento. Esa noche golpeé fuertemente mi almohada, aún cuando no era precisamente de plumas.

Otros escritores latinos que han dedicado a lo menos un trabajo a los seres de la noche o a la literatura del terror son Julio Cortázar con su cuento Continuidad de los parques, Rubén Darío, que escribió, en su paso por Argentina, un texto llamado Thanatopía y Ernesto Sábato, que incursionó en la paranoia del terror en su novela El túnel, tema que llevaría a su máximo desarrollo en la tercera parte de su ficción Sobre héroes y tumbas, el famoso Informe sobre ciegos, tal vez el texto más aterrador y demencial escrito en América Latina.

En Chile, la literatura del terror no llegó a nuestros registros, pero sí se urdieron magníficos relatos que llegaron a convertirse en leyendas; en ellas, los seres noctámbulos deambulan por carreteras, bosques y mares; entre ellos se encuentra incluido el mismo Satanás quien, en lo general, es el comprador de algún alma ambiciosa. Chiloé, una isla muy al sur de mi país, es escenario de exquisitos relatos donde los personajes principales son seres fantásticos que viven en el imaginario colectivo de la zona como si fuesen reales.

Llega la noche en la isla y sus habitantes cuidan de guardarse en casa con las ventanas cerradas porque afuera, la oscuridad custodia y protege al Trauco, un ser elemental que apoya a Lucifer en su lucha contra los ángeles y que fue castigado a vagar por la tierra con su cuerpo deforme, cuyo entretenimiento es quitar la virginidad a las doncellas, a quienes deja irremediablemente embarazadas. Circula también la Condena (por condenada); ella fue transformada en un espectro que persigue a los hombres, quienes, pese a su horrible aspecto, no pueden resistirse y caen en sus brazos; y es preciso agregar a la Fiora, hija y amante contra natura del Trauco, de horrible aspecto, tal como lo son sus progenitores. Fiora posee un apetito sexual como el de su madre y luego que caza a los hombres, los enloquece. Se dice que de sus relaciones con su padre nacerán más traucos (varones) o fioras (hembras) para seguir sus pasos. Con su aliento hediondo (igual al de su padre) es capaz de doblegar completamente a sus víctimas. También se la culpa de raptar y hacer desaparecer a niños, a los que transforma en seres similares a sus hijos.

Es obvio mencionar que si una jovencita de la zona perdió la compostura y quedó embarazada, llega a casa inventando que el Trauco la violó; así, existen miles de hijos del ser abominable justificando el desliz de sus madres; aún en nuestros días, quedan alejados parajes, donde se mantiene el mito como cierto.

En Chiloé, aparte de esta familia, también existe dentro de sus mitos el espectro llamado la Viuda, una mujer que murió ahogada al zozobrar su pequeña embarcación en el mar. Se la representa como una mujer vestida de negro que sigue a los jóvenes y los atrapa, abrazándolos por la espalda y dominándolos con su pestilente aliento (repitiéndose en ella los rasgos de la Fiora) los amenaza para satisfacer sus deseos carnales: aquel que se le niegue, le espera un abrazo de muerte. Están además, los Imbunches, llamados, asimismo, Machucos: se trata de niños entregados a brujos, quienes deforman a los inocentes con sus artes, volteando su cabeza y girando su pierna derecha hasta quedar sobre su espinazo, de tal modo que este engendro camina con sus dos manos y la pierna izquierda. Su función es vigilar la cueva del brujo, asustando con gritos guturales al que ose acercarse y, a quien lo contemple, es asesinado. Anda completamente desnudo y es alimentado por sus amos con carne humana. Los brujos vuelan usando un chaleco hecho de piel de cadáver conocido como Macuñ y las brujas logran elevarse por los aires al beber el jugo de una planta que les hace vomitar sus entrañas, luego de lo cual, las guardan dentro de una olla de cobre y ocultan entre la vegetación; entonces se transforman en aves y pasan a llamarse voladoras. Si sucede que esta bruja regresa y le han robado la olla que contiene sus entrañas, queda convertida en un ave rapaz, hasta su próxima muerte.

Estos seres convierten a los relatos, regularmente orales, en apasionantes y fantásticas veladas en la zona sureña de Chile. Tales leyendas, han ido recopilándose, fundamentalmente por investigadores y escritores de la propia región y, gracias a esas compilaciones escritas, se han masificado, adquiriendo popularidad en el resto de Chile.

Cuando me enfrenté a este tema y mientras pensaba en los motivos que serían partícipes de estas palabras, pregunté a varios amigos, entre ellos algunos escritores, acerca de cuáles eran sus terrores y qué seres son los que, alguna vez, les habrían quitado el sueño. Las respuestas fueron tan variadas, como las personas que consulté. Descubrí que el tema, aunque no se maneje a niveles cotidianos y confesables, no es un mero comentario para algunas personas y he aquí algunas de sus respuestas: imágenes religiosas, especialmente de ángeles, duendes que habitan bajo la cama, fantasmas y ruidos nocturnos, sobre todo en pasajes o calles oscuras. Pero hubo un comentario que modificó mi posible investigación y la línea que pensaba iba a tomar este trabajo. Se trata de los represores: personas de carne y hueso que hace más de treinta años echan la puerta abajo, en las casas de miles de personas, amparados por la oscuridad, a quienes torturan una y otra vez antes de hacerlos desaparecer y convertirlos en un nuevo rostro en el pecho de la madre. (No porque literalmente aún tengan estas prácticas sino porque se quedaron en el imaginario de las víctimas)

Son los espectros modernos de mi patria, esos que viven en el subconsciente de las generaciones heridas por el golpe militar de 1973. Estos hombres que se transformaron en demonios cazadores, que salían a diario por 17 años en busca de su presa, son inspiradores de una variada literatura del terror en mi país. Ellos definitivamente desplazaron a los seres mitológicos. De esta manera, caigo en la cuenta que estaba equivocada: hay mucha literatura en mi país acerca de estos seres de la noche que se convirtieron en temidos entes vespertinos para miles de personas. Este es un tema recurrente tanto en narradores como en poetas y que sigue vigente en los nudos literarios. Concluyo, por tanto, que el imaginario en este sentido se nutre desde la experiencia y el testimonio, pero por sobre todo del miedo.

El miedo, según la psicología y psiquiatría modernas, se encuentra dentro de la mente del individuo y, rara vez, se corresponde con alguna realidad concreta, puesto que es más bien una reacción primaria, que se sostiene frente a lo desconocido o a una experiencia (propia o cercana) asida por el cerebro, convirtiéndose en eco de los espantos, mucho más personales, que nos persiguen y agobian a través de las pesadillas; llegamos, por consiguiente, a pensar que el cuento de terror y los seres que lo habitan, son un intento catártico, el escape de ese mundo que emerge desde lo onírico, aunque el resultado sea morboso o siniestro. El escritor toma estos ingredientes y los traslada a un escenario al considerar la verosimilitud de la historia, porque la credibilidad del lector es un elemento fundamental para que suceda el compromiso necesario de su parte, y el miedo actúe igual que un contagio de la peor pandemia; cuando ello ocurre, él mismo es un portador del terror.

Así, la literatura fantástica del miedo, con una rica tradición en las letras latinoamericanas, se liga, en mi país, con los mitos y leyendas ancestrales del campo y el mar, que conocemos gracias al trabajo de antropólogos e investigadores que las han puesto por escrito.

Sin embargo, como mencioné, hay otra fuente en la pandemia del miedo y ella se encuentra en la historia política reciente de Chile. Muchos miles de personas continúan recordando los golpes en la puerta, casi siempre en la noche y la pesadilla alucinante que siguió a esa fatal interrupción del sueño. Los hijos y nietos de esas personas siguen escuchando el ruido nocturno de la represión, que se tradujo en fantasmas de carne y hueso que nunca más se fueron a sus cuarteles. Los escritores y escritoras chilenos, unos más, otros menos, también continuamos viviendo con ese miedo. Y la literatura de nuestro país, por mucho tiempo más, se alimentará de ese temor innominado, de ese terror nocturno –y a veces diurno-, que aún no nos deja dormir en paz ni vivir con tranquilidad.